Donación de óvulos, ¿la primera o la última de las opciones?

Desde el nacimiento de Louise Brown en 1978, más de 5 millones de niños han nacido por tratamientos de reproducción asistida, algunos utilizando óvulos y espermatozoides de los propios pacientes, y otros con donación de gametos. Este elevado número de nacimientos ha suscitado numerosos estudios que exploran diferentes aspectos del desarrollo de estos niños y las posibles complicaciones asociadas a la propia técnica de reproducción asistida.

A su vez, sabemos que una de las razones vinculadas a las complicaciones del recién nacido, es aquella relacionada con la edad materna, que en muchos casos coincide con la edad del óvulo.  Es decir, cuando una mujer mayor de 40 años elige tener la posibilidad de tener un hijo genéticamente vinculado, también debe ser consciente de los riesgos que esto podría acarrear en el niño. La única posibilidad de disminuir estos riesgos es utilizar óvulos de donante, es decir no estar genéticamente vinculada al niño, pero saber que el niño tiene menor riesgo de padecer algunas enfermedades relacionadas con la edad avanzada del óvulo.

En el año 2015, casi el 30% de los tratamientos de reproducción asistida que se realizaron en España fue con óvulos de donante.

Sin embargo,  la utilización de óvulos de donante suele verse como la última de las opciones. La mujer habitualmente prefiere que su hijo esté genéticamente vinculado a ella y así poder ver realizado su sueño plenamente: tener un hijo y además que se parezca físicamente a ella, entre otras cosas.

Tener que recurrir a un Centro de reproducción asistida para tener un hijo es indudablemente una fuente de estrés. Este deseo de las futuras madres no debería verse como un capricho, sino como una elección difícil de descartar cuando existen posibilidades de gestación, aunque éstas sean mínimas. A su vez, la sociedad actual en la que vivimos, tampoco ayuda a que estas madres opten más fácilmente por la utilización de óvulos de donante. Una persona rápidamente acepta una donación de sangre o de médula para salvar su vida, pero cuando la donación trae consigo carga genética transmisible, es otra cosa.

Sumado a todo esto, está el factor económico, no menos importante. El hecho de tener que recurrir a un TRA para tener un hijo, muy frecuentemente está relacionado con una inversión de dinero. En ocasiones, esta inversión sólo puede realizarse una vez, es decir, económicamente muchas personas sólo pueden permitirse uno o dos ciclos. Por tanto, la decisión de una mujer mayor de 40 años y en estas circunstancias económicas también debe valorar el factor económico relacionado con el tratamiento.

La clave para la decisión está en la reflexión acompañada de un profesional que pueda guiar a la paciente hacia qué resultaría mejor para su caso en particular y qué duelos debería realizar para llegar a una toma de decisión segura y meditada. La pregunta sería ¿me arriesgo a tener un hijo con algún tipo de malformación derivada de la edad de mis óvulos, o elijo recurrir a donación de óvulos y renunciar al vínculo genético?

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